
La difusión de pornografía infantil a través de Internet, un delito tipificado dentro de las leyes de casi todos los países del mundo, está suponiendo uno de los mayores problemas de esta era global donde la información está, poco más y poco menos, al alcance de cualquiera. Lo que antes era un mercado marcadamente secreto y de unos pocos, ahora ha ido creciendo a niveles insospechados gracias a los programas que facilitan el intercambio de archivos y, sobre todo, debido al -relativo- anonimato que la red otorga a los usuarios. La pornografía infantil, en una de sus definiciones más aceptadas, está tipificada por el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño como “toda representación, por cualquier medio, de un niño dedicado a actividades sexuales explícitas, reales o simuladas, o toda representación de los genitales de un niño con fines primordialmente sexuales”. Desde que Internet es una realidad en todas partes del mundo, lo que antes era un “secreto a voces” o el mercado de unos pocos, se ha ido convirtiendo en un verdadero problema. Y es que ahora con tan sólo un par de clicks y la información correcta, cualquiera puede tener acceso a este material.
A pesar de las intensas campañas de concienciación, el uso de pornografía infantil -gracias a Internet- ha ido creciendo a niveles desmesurados, llegando a existir en la actualidad alrededor de 4 millones de zonas virtuales donde existe la posibilidad de acceder a dicho material. Pero también ha crecido notablemente el rechazo de la opinión pública hacia su utilización. Según los resultados reflejados en una encuesta realizada en 2002 en el portal de MSN, la pornografía infantil es el mayor de los problemas que registra la red de redes actualmente.
Así, con el 40% de los votos, los usuarios decidieron que la difusión de fotografías o videos de menores de edad a través de Internet es el fin de uso más condenable que puede llegar a dársele a la conexión a la red. Incluso por encima de otros factores como los virus informáticos, la posibilidad de ser espiado o el SPAM. Y no ha de extrañar tal rechazo social a dicha problemática: y es que, ante todo, la pornografía infantil es un delito. Uno muy repudiado y repudiable. La difusión de pornografía infantil a través de Internet, un delito tipificado dentro de las leyes de casi todos los países del mundo, está suponiendo uno de los mayores problemas de esta era global donde la información está, poco más y poco menos, al alcance de cualquiera. Lo que antes era un mercado marcadamente secreto y de unos pocos, ahora ha ido creciendo a niveles insospechados gracias a los programas que facilitan el intercambio de archivos y, sobre todo, debido al -relativo- anonimato que la red otorga a los usuarios. La pornografía infantil, en una de sus definiciones más aceptadas, está tipificada por el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño como “toda representación, por cualquier medio, de un niño dedicado a actividades sexuales explícitas, reales o simuladas, o toda representación de los genitales de un niño con fines primordialmente sexuales”. Desde que Internet es una realidad en todas partes del mundo, lo que antes era un “secreto a voces” o el mercado de unos pocos, se ha ido convirtiendo en un verdadero problema. Y es que ahora con tan sólo un par de clicks y la información correcta, cualquiera puede tener acceso a este material.
A pesar de las intensas campañas de concienciación, el uso de pornografía infantil -gracias a Internet- ha ido creciendo a niveles desmesurados, llegando a existir en la actualidad alrededor de 4 millones de zonas virtuales donde existe la posibilidad de acceder a dicho material. Pero también ha crecido notablemente el rechazo de la opinión pública hacia su utilización. Según los resultados reflejados en una encuesta realizada en 2002 en el portal de MSN, la pornografía infantil es el mayor de los problemas que registra la red de redes actualmente.
Así, con el 40% de los votos, los usuarios decidieron que la difusión de fotografías o videos de menores de edad a través de Internet es el fin de uso más condenable que puede llegar a dársele a la conexión a la red. Incluso por encima de otros factores como los virus informáticos, la posibilidad de ser espiado o el SPAM. Y no ha de extrañar tal rechazo social a dicha problemática: y es que, ante todo, la pornografía infantil es un delito. Uno muy repudiado y repudiable.
CUESTIONES LEGALES
La gran mayoría de países del mundo ya tienen incluido un apartado con respecto al tema en sus códigos civiles. Lo que abre otra problemática, ya que la edad límite para que dicha pornografía comience a ser considerada infantil no es la misma en todos ellos. Dentro de la Unión Europea, incluso, existen diferencias notorias. Países como Alemania o Austria establecen que el tope para ser reconocida como tal es hasta los 14 años, mientras que algunas regiones de los Estados Unidos a los 15, pasando a España, Holanda o Italia que estiman como pornografía infantil a todo materia donde se incluyan menores de 18.
No es de extrañar tampoco que quienes quieren situar un sitio web referido a la pornografía infantil escojan servidores de países donde la legislación aun no se ha expedido con claridad acerca del tema. De hecho, Brasil (y muchos otros países latinoamericanos) como así también los países que fueran integrantes de la ex Unión Soviética, son los lugares elegidos por excelencia para aquellos que quieren poner en funcionamiento su web.
Si bien la legislación en todos los países puede llegar a variar, la gran mayoría contempla penas que van desde 1 a 10 años de prisión para aquellos que difundan, promuevan o generen imágenes donde haya niños en situaciones pornográficas.